Desde un punto de vista más emocional, el tacto nos permite disfrutar de cosas como las caricias, el sol, el viento, y un sin fin de sensaciones agradables, debido a que es la forma de comunicación física más intensa que poseemos.

Tocar y ser tocado no sólo es sano, sino que es imprescindible para la vida.

Es un nutriente esencial para el ser humano y no deberíamos olvidar que, para el correcto mantenimiento de nuestra salud, es necesaria la interacción táctil.

El tacto actúa a nivel físico, químico y energético. Mejora el drenaje linfático de la zona en cuestión, aumenta los niveles de endorfinas en sangre (lo cual genera placer) y disminuye los de cortisol y epinefrina, substancias relacionadas con la reacción de estrés.

Tocar y ser tocados, además, resulta imprescindible para el desarrollo psicobiológico de los seres humanos y también de los animales. Parece que las primeras experiencias táctiles son determinantes para el desarrollo posterior del cerebro y del sistema nervioso en general. Una experiencia táctil inadecuada en la infancia traerá como consecuencia dificultades a la hora de relacionarse con los demás, debido a que es un sentido eminentemente afectivo.

El sentido del tacto es sumamente importante para la salud del ser humano, aunque a lo largo de la historia no siempre ha sido suficientemente comprendido y valorado, sobre todo porque se le han imputado bastantes limitaciones surgidas de los condicionamientos sociales imperantes.

Esto ha sucedido en el pasado y sigue sucediendo actualmente, debido a las creencias culturales implantadas que mantenemos sobre dicho sentido y, también, porque la significación que cada persona atribuye a la interacción táctil depende de numerosos factores aprendidos bajo una gran cantidad de creencias restrictivas al respecto.

Pero la realidad es que disfrutar del tacto es necesario para una correcta salud física y emocional. El tacto se encuentra presente desde los primeros momentos de nuestra vida y guarda importantes relaciones en lo que se refiere al desarrollo psíquico de la persona. Recordemos que los seres humanos respondemos a los estímulos táctiles desde la vida intrauterina.

 

Es un sentido bastante íntimo, un sentido de cercanía que actúa a muy corta distancia permitiéndonos explorar el mundo próximo, a diferencia de la vista o el oído que pueden percibir fenómenos lejanos.

El sentido del tacto reside en las terminaciones sensoriales de la piel, la cual es el órgano corporal más grande que tenemos y en el que existen mayor cantidad de terminaciones nerviosas. Mide alrededor de dos metros cuadrados, almacena más de un tercio de la sangre que bombea el corazón y pesa entre tres y cuatro kilos, dependiendo de la altura y constitución de cada persona.

En el tacto no solamente participan las manos, sino que está presente en toda la piel, si bien la sensibilidad varía de acuerdo a la zona.

La piel nos envuelve por completo como un manto.

Es el más antiguo y sensible de nuestros órganos, nuestro primer medio de comunicación y nuestro protector más eficaz.
Tal vez sea la piel después del cerebro, el más importante de nuestros sistemas orgánicos.

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